El iceberg A23a, ubicado en la Antártida, enfrenta sus últimos meses debido al cambio climático y la erosión.
El desgaste ha esculpido cuevas y arcos, evidenciando su grave deterioro y generando problemas para la migración de focas, pingüinos y aves marinas.
Con 4 mil km², se desprendió en 1986 y ahora se desplaza rápidamente hacia la zona subantártica de Georgia del Sur, amenazando la vida marina.
Expertos señalan que, después de más de 30 años encallado, su movimiento actual responde al momento esperado, con observaciones desde 2020.
Su destino: fragmentarse y desaparecer.
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